jueves, 29 de octubre de 2009

Cosas que me gustan

Una de las cosas que más me ha gustado siempre ha sido mirar las estrellas. Buscar puntitos brillantes en el cielo que no parpadeen y pensar qué planeta puede ser, si es que no es un satélite. Localizar la estrella polar y muy cercana a ella, el carro de la osa mayor. Observar el cinturón de Orión con sus tres marías... y cuestionarme muchas cosas.

¿Por qué mirar al cielo nos inspira tanto?


La filosofía está escrita en este gran libro
continuamente expuesto ante nuestros ojos
- me refiero al universo -, pero no puede ser
entendida a menos que uno primero comprenda su
lenguaje e interprete los caracteres en los que está
escrito. Está escrita en el lenguaje de las matemáticas
y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras
geométricas, sin las cuales es humanamente imposible
entender una sola palabra de ella.

Galileo Galilei, Il Saggiatore (1623)



Ingenua reflexión

Situación. Bar de pinchos en Ponferrada. 10 de la noche aprox. Cuatro personas sentadas a una mesa; S, dos amigos suyos y yo. La alegría nos invade. Hay muchas cosas que contar y muchas, muchas risas que compartir. Brindamos. S y su amigo con vino, la otra chica con mosto y yo con cerveza. Me siento bien. Tanto que surge de mí una "confesión" que consideraría ridícula en condiciones normales. Alguien comenta que esa noche hay que cambiar de hora y que, cual quinceañeros, tenemos una hora más para salir. Ahí me lanzo:

- ¿Sabéis que pensaba cuando era pequeña cada vez que había que cambiar la hora?

Me miran expectantes.

- Nunca se lo preguntaba a mis padres ni a nadie, porque más que cuestionarme, para mí era una reflexión. Pensaba: "¿Cómo puede ser que siempre toque cambiar la hora en fin de semana?". Para mí suponía toda una coincidencia y una gran suerte que cambiásemos de hora los sábados. Me planteaba la fatalidad que supondría que el cambio de hora lo hicieran por ejemplo, un miércoles y hubiera que dormir una hora menos. Así que, simplemente pensaba en la suerte que teníamos.

Lógicamente les hizo mucha gracia y nos reímos un buen rato antes de pasar a otros temas.

Pero el caso es que me quedé pensando en cuándo dejé de pensar eso y llegué a comprender que el cambio de hora es simplemente un artificio nuestro para jugar con las horas de sol. Qué ingenua era sí, pero, ¿cuándo dejé de serlo?

jueves, 15 de octubre de 2009

Una vez leí...

Natural es el ruido,
humana es la música


Cosas que me gustan

Una de las cosas que más me gustan, aunque a algunos pueda horrorizarles la idea, es la rutina. Mejor dicho, las rutinas. Tener un orden para según que cosas. Pondré un ejemplo: mi rutina del despertar. Más o menos es como sigue. Suena la alarma del móvil y la pospongo. Vuelve a sonar a los 9 minutos y de nuevo, vuelvo a posponerla. Aquí no respeto el número de veces que puede sonar pero podría establecerse en cuatro o cinco ocasiones.

Suena la alarma --- 9 minutos --> alarma
--- 9 minutos --> alarma --- 9 minutos --> alarma final

Y me levanto. Por cierto, que la musiquita que suena con la alarma es la canción "I want you" de Bob Dylan y no, de momento no le he cogido paquete. Así que, me levanto y voy al baño. El gato me espera en la puerta y al salir, los dos vamos a la cocina. El café está listo porque S lo ha preparado un rato antes, así que, no tengo más que verterlo en la taza. Pero de la siguiente forma: tres medias cucharillas de azúcar (estoy dejándolo y por eso no son enteras), café hasta donde comienza el cuello de la cuchara y leche hasta casi llenar la taza. Después lleno un vaso de zumo (o de melocotón o de mandarina) hasta más o menos 3/4 del vaso y con ambos dos voy al salón. Antes de sentarme en el sofá, coloco bien recto el cojín contra el respaldo y encima suyo, coloco un cojín más pequeño que me ayude a sostener mi cabeza todavía somnolienta. Me siento en el sofá y enciendo la tele. Preferiblemente las noticias de antena 3, pero si son repetitivas, no le hago ascos a Shin Chan. Tengo media hora para desayunar, no puedo hacerlo en menos tiempo. Primero tomo el café, a sorbitos y cuando lo termino, me levanto a coger galletas o magdalenas o lo que haya. Vuelvo al sofá y después de tomarlas, bebo el zumo, también a sorbitos. Bebo muy despacio por precaución. De pequeña pensaba que podía írseme por el otro lado y se me podían encharcar los pulmones y morir. Ahora sé que esto no pasa pero una costumbre tan arraigada es difícil de eliminar.

Mientras desayuno, el gato se duerme en mi regazo y aunque esto sea bonito, a veces puede resultar un incordio. Más de una vez ha hecho que me volcara el café o el zumo encima o peor aún, en el sofá.

Al terminar de desayunar, enciendo el ordenador y pongo música. Voy a la cocina y friego lo que haya por fregar. Si no llueve, abro las ventanas de la cocina y del salón. Así aireo la casa y el gato se distrae asomándose por la ventana del salón y fantaseando con cazar palomas. Voy al baño. Me ducho, me peino, me doy crema hidratante, me visto y me seco el pelo. Todo en ese orden.

Cuando ya estoy presentable, preparo el bolso: guardo las gafas y el móvil, me cercioro de que llevo la cartera, pañuelos, la llave del coche y cacao labial. Me pongo las zapatillas, nunca zapatos. Vuelvo al baño y cojo el reloj y el único anillo que llevo, uno de coco (o puede que sea de roble) que me regaló S. Esas son mis únicas joyas.

Vuelvo a la cocina y me preparo medio sandwich. Si por ejemplo es de mortadela, la otra media loncha la parto en pedacitos y se los doy al gato. Y ronronea.

Guardo el sandwich en el bolso y me pongo la chaqueta. Llega el momento de irse, así que cojo las llaves, me miro en el espejo admirando mi belleza y me despido del gato que me ha acompañado hasta la puerta.

Cierro con llave y compruebo que la puerta está cerrada... ocho veces.

Ideas ridículas

Veo que te acercas con mala cara. Tardas en mirarme a los ojos y, por ende, yo también. Me mantengo a la expectativa mientras frunces el ceño. ¿Te quejas de la pinta que tienes con esas ojeras? Siempre tienes ojeras. "Ya, pero hoy más. Tengo que comprarme algún quitaojeras". Siempre dices lo mismo y sonríes al ser consciente de ello.

Te ahuecas el pelo pero no sirve de nada, así que te encoges de hombros mientras ves cómo cada mechón vuelve a su sitio. Te preguntas si tu pelo podría clasificarse como lo contrario de indomable y rememoras todos esos anuncios de champús y acondicionadores donde aparecen chicas con el pelo revuelto y con la perfecta cara de "¡y yo con estos pelos!". De nuevo frunces el ceño, cualquiera te dice nada.

Así que, después de retocarte el flequillo y soltar un resoplido, te observo mientras te alejas. "¡Después de todo no estás tan mal!" grito, pero no me oyes. Yo me alejo a la par que tú lo haces.

Y mañana será igual. Te observaré mientras tú observas tu reflejo en el espejo. Mientras me observas.

viernes, 9 de octubre de 2009

Soy un poco cabezona

Esta semana, no recuerdo qué día, estuvo el cantante Mika invitado en El Hormiguero (algún día puede que hable de lo detestable que me resulta Pablo Motos) presentando su nuevo CD. A mí este hombre (el cantante) nifú nifá, aparte de las terribles consecuencias que pueden sufrir los tímpanos y cócleas de los oyentes de su música. Precisamente yo no soy una de sus oyentes, estoy a salvo. Pero el caso es que a lo largo del programa, a ratos y de fondo, nos colocaban el single del susodicho álbum y yo ya me mosqueé desde el principio. Para exponer el tema central de mi mosqueo primero debo reconocer que... sí, de vez encuando escucho Kiss FM... ejem... y consideraciones sobre mi persona aparte... puedo decir que si de algo me ha servido escuchar a ratos sueltos esta emisora es para detectar plagios tan grandes como éste:





Porque vamos, la canción de esta tal Belinda la he escuchado unas cuantas veces y como que el estribillo es pegadizo y se te queda insertado en la memoria auditiva. Así que, no hace falta tener un buen oído para darse cuenta de que estas dos canciones... ¡son iguales! Y en ningún momento dijo Mika que la había copiado. Yo qué sé, existen las versiones de canciones. No pasa nada por presentar una más. No creo que vaya a vender menos por presentar una copia. Pero, ¡hay que reconocerlo, leches!


PD Así que, sí, mi querido S, yo tenía razón... jajajaja

martes, 6 de octubre de 2009

A mí me dio una pena terrible

"Ustedes saben que estoy muy cerca del final, tengo 89 años. Permítanme pedirles que consideren el honor que sería para nosotros organizar los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2016"