jueves, 9 de junio de 2011

Así somos...

Nos decían:

"Es que es veros de perfil con vuestro padre y saber que sois hijos suyos..."

Me dicen:

"Es que viendoos de perfil, enseguida se sabe quiénes son tus hermanos..."

Nos falta pero sigue en nosotros.... raro, ¿no?

miércoles, 25 de mayo de 2011

Crees que no se va a ir nunca

Cuando viene el dolor, crees que no se va a ir nunca... sientes el dolor del propio dolor... los pensamientos ni siquiera se agolpan... llegan uno detrás de otro... en hilera y despacio... despacio... veo su sonrisa... percibo la sonoridad de mi nombre en boca de él... su mirada que me observa... sus gestos delicados aunque descuidados... son segundos en los que sólo existe él, en los que sólo queda su ausencia... y el resto... vacío.

Él es un vacío eterno. Cuando lo sientes, crees que no se va a ir nunca. Sientes lo que crees que nadie ha sentido ni sentirá y poco a poco... el cuerpo se despereza... se agita interiormente para ir desprendiéndose con suavidad de ese dolor... para dejarlo en un montoncito apartado a un lado... casi como convenciéndole para que se aleje y durante ese momento de persuasión, el propio cuerpo se vaya alejando... incluso sientes cómo el cuerpo le habla al dolor, a tu dolor... "tranquilo... de verdad... tú quédate ahí... al fin y al cabo, sólo es un hasta luego..."

jueves, 12 de mayo de 2011

Callandico...

El viernes 29 de abril enterramos a mi padre en Burgui, pueblo donde nació, creció y al que adoró toda su vida....

Instantes anteriores a ese momento cuestionaba mi entereza... la sola idea de perderle de vista para siempre se afianzaba y oprimía más que nunca en aquel momento... pero aguanté, desde el primer puñado de tierra que arrojé sobre el ataúd, con una medallita semioculta en él, hasta la última palada de tierra bajo un sol atizador... quise estar a su lado en todo momento... me amargaba pensar que se iba a quedar solo... su primera noche solo... los nubarrones que parecían acercarse a lo lejos... las primeras lluvias sobre él...

Pero seguimos... los abrazos... las lágrimas derramadas sobre otros hombros... el bálsamo de las sonrisas... la fuerza de las miradas y los apretones de cintura y brazos... pensé que quizá ni mi padre se quedaba solo, ni nosotros tampoco...

Poco a poco, subimos hasta la casa familiar... dejé a mi madre con mi tía y mis amigas me acompañaron y nos quedamos fuera, sin llegar a entrar... me dejé llevar por sus historias agradablemente cotidianas... familiares... nos reímos... nos emocionamos... me sentí bien entre ellas...

Así que, decidí entrar en casa con el pretexto de estar un momento con mis familiares... pero no lo hice, me fui directa a la habitación donde mi padre guardaba parte de sus libros... habitación a la que siempre iba con él cada vez que viajábamos a Burgui... habitación en la que cruzábamos cuatro palabras mientras revisábamos aquellos ejemplares viejos en su mayoría y de tapas manoseadas y desgastadas...

Aquel día fui sola.. pensando en la última vez que habíamos estado juntos... en verano del año pasado y cómo las frases que cruzamos pudieron ser así:

Yo: Ahora estoy leyendo a Agatha Christie...
Mi padre: Pues ya sabes que tengo la colección entera.
- Lo sé. - rebuscando entre los libros de la balda más baja. - Me voy a llevar estos dos, que todavía no los he leído.
- Bien... ya te buscaré más aparte de los que hay aquí.

El pasado 29 de abril entré sola en aquella habitación... y al encender la luz, mi mirada se quedó fija en la cajonera que estaba al lado del interruptor.... sobre ella reposaba una pila de unos 15 libros de Agatha Christie...

Así hacía las cosas mi padre... callandico... sin decir nada... sin esperar sorprender a nadie pero consiguiéndolo siempre... y así permanecí unos minutos en aquella habitación... callandico... mientras las lágrimas se mezclaban con una sonrisa de emoción...

martes, 10 de mayo de 2011

Si alguien ama a una flor...

...de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas. Se dice: "Mi flor está allí, en alguna parte..."
Y así, una y otra vez, leí este párrafo a su oído... unas veces bajito... otras titubeante... las menos sin lágrimas que nublaran mi vista... pero todas ellas con cariño, a su oído... a su lado... en la UCI, mientras dormía... "en un coma profundo del que no va a despertar", nos decían... aunque yo sabía que él nos escuchaba, que cada uno de los 8 días que estuvo en la UCI, durmiendo... contaba los segundos e iba haciendo sus minutos, sumando horas hasta que a lo lejos, entre algún que otro sollozo, llegaban a él nuestras voces... y, entonces, estoy segura de que se esforzaba por concentrar las pocas fuerzas que aún le quedaban para fijar su atención sólo en nosotros... en su mujer, en su hija, en sus hijos....

A mi padre se lo llevó un derrame cerebral, después de luchar como nunca había luchado durante 8 días... y paradojas de la vida, durmiendo mientras duraba esa lucha... aquel miércoles 20 de abril de 2011 no sabía lo que ocurriría por la noche... sólo pensaba en sus pequeñas cosas de cada día y eso le hacía feliz... 8 días después, el día del cumpleaños de su hija... mi cumpleaños... se fue...

Y ahora está allá en lo alto... entre millones y millones de estrellas... y sé que nos cuida y nos mira y cuando no pueda dormir, me leerá al oído...

martes, 11 de mayo de 2010

Escucho genialidades...

... que hacen que la vida mundanal resulte una delicia

Beethoven

martes, 4 de mayo de 2010

El 28 de abril cumplí....

.... 26 años!!!!

Lo cual hace que mi madre haga comentarios del estilo:

- Hija mía... ¿sabes que con tu edad ya había tenido a tu hermano mayor?
- Sí, lo sé....

¿Qué más puedo responder...? Uno va contabilizando los años por las experiencias ajenas de los que se tiene alrededor e incluso se fantasea con planes futuros en función de esas experiencias. Por ejemplo, no era raro que con catorce años (más o menos), entre amigas, se comentaran cosas así:

- ¿Te imaginas qué haremos con 25 años?
- Pfffff ¡seguro que estaremos casadas y tendremos hijos!

Es curioso pero persistía en el subconsciente ese modelo familiar de "dar por hecho que vas a estar casada y tener hijos" antes que pensar en temas de trabajo, plantear la posibilidad de vivir en otro país, no pensar en hijos o incluso "y si soy lesbiana, ¡cómo se lo digo a mis padres!".... aunque este no es mi caso.

Y sí, he pensado mil veces que me gustaría ser madre joven, que me gustaría poder correr y jugar con mis hijos sin asfixiarme, ser una madre en zapatillas (creo que nunca he visto a mi madre con calzado informal), que el salto generacional no sea muy grande y sobre todo, que los abuelos puedan disfrutar de los nietos durante mucho tiempo...

Hace unas semanas la abuela de S me enseñó a hacer ganchillo... cuando me planteo aprender algo es porque tengo algún fin pensado para ello... como por ejemplo la vez que quise aprender a tocar la armónica porque quería saber tocar un par de canciones de Bob Dylan (fracasé en el intento, todo sea dicho...) y en este caso quería aprender a hacer ganchillo para hacer una mantita de bebé (tipo esta pero más bonita). Ahora ya sé hacer ganchillo (incluso le he hecho un gorro a S) y será cuestión de empezar...

Pero yo escribo esto porque este fin de semana pasado se casó uno de los hermanos de S y como que te entra una cosilla... no diría tanto como envidia pero... un algo... Ya he pasado la barrera de los 26, esa barrera que no me hace sentir diferente a los 20 pero que hace que pensamientos del tipo "cuando mis hijos tengan 25 yo tendré..." ¿cuántos? Ya más de 50... Y sí, sé que entre los 20 y los 26 hay unos cuantos años entre medias pero... me encantaría encontrarme ahora con mi yo de catorce años y decirle "¿que con 25 años crees que estarás casada y con hijos? ¿qué apostamos...?"

Sólo sé que ahora los 28 años me parece la edad perfecta; 2 y 2 elevado al cubo... y sí, sería mejor 24 pero... los 24 ya no los cumplo.... tengo que dejar de divagar...

Hace tanto que no escribo que ahora no recuerdo... hay que darle a Publicar entrada... ¿no?

Música para mi cumpleaños

martes, 13 de abril de 2010

Hay momentos en los que estás en casa y sientes que deberías estar fuera, bajo el sol, entre el ruido y el viento y desprotegido sin muros a tu alrededor...

Acabo de tener un momento así y ha durado.... 5 segundos. Sigue haciendo frío a estas horas...

martes, 2 de febrero de 2010

El hombre del tiempo

El gato me mira y enseguida comprendo el significado de su mirada.

- Así que, ¿quieres escuchar algo de Elvis...? Perfecto, justo estaba pensando en lo mismo. ¿Qué te parece si empezamos por Bridge over troubled water...?

A mi mirada interrogante, él responde con una mirada carente de expresividad.

- Tienes razón... no estoy realmente segura de que esa canción sea suya... puede que de Simon and Garfunkel, pero deberás reconocer que la interpretación de Elvis es grandiosa...

El gato se tumba al lado del teclado y tomo ese gesto como símbolo de aprobación. Así que, busco en Spotify, le doy al play y subo el volumen...

Elvis Presley – Bridge Over Troubled Water


Ahora sí, hablo de lo que inicialmente tenía pensado; el hombre del tiempo.

Cuando era pequeña, estaba convencida de que la profesión más difícil del mundo era la del hombre del tiempo. ¿Por qué? ¿Por tener que estudiar Física y luego la especialidad de meteorología? No, todos sabíamos que Maldonado era meteorólogo y Montesdeoca no y hacían lo mismo. No, no era porque la meteorología fuera la ciencia más inexacta de todas. Era porque aunque nosotros en la tele viéramos el mapa de España, ellos NO lo veían. ¿Cómo podía ser esto? A mí siempre me decían, "mira, aunque tú veas el mapa y todas sus provincias, ellos no lo ven, tienen una pantalla en blanco y tienen que saber perfectamente dónde está cada sitio para luego señalarlo mientras hablan. ¿A que es difícil?" Pues sí, claro que lo era, yo me creía incapaz de hacer algo así.

Así que, cuando llegaba la hora del tiempo, sentada en el sofá, seguía la mano del hombre del tiempo y sus indicaciones. "Mañana estará cubierto todo el tercio norte de la península" y su mano barría el norte de oeste a este, sin prácticamente tocar el mar ni invadir Francia, "a primera hora de la tarde tendremos precipitaciones en forma de lluvia en Galicia" y su dedo índice apuntaba exactamente a Galicia y luego se desplazaba hasta Madrid "y podrían ser en forma de nieve a partir de 800 m en la Comunidad de Madrid" y nunca, nunca, nunca, se equivocaba. Por más que cambiaran la imagen y tuviéramos la vista por provincias y entrara a analizar el tiempo en detalle desde Pamplona hasta Badajoz, no entendía cómo en alguna ocasión no se equivocaba y terminara apuntando a Segovia al hablar de Ávila.

Y, lo más importante, no entendía por qué nosotros SÍ veíamos el mapa perfectamente y el hombre del tiempo NO. ¿Ellos no se quejaban? Me parecía ridículo. Yo en su lugar lo haría. Poner esas trabas innecesarias al hombre del tiempo.

Por eso es por lo que me hizo mucha gracia conocer el concepto de "chroma key" y la pantalla verde. Entonces lo entendía todo. Ese chroma que ya no utilizan los hombres del tiempo (habría que decir también "mujeres del tiempo" pero es que es muy largo) porque ahora existen las pantallas LCD o de plasma gigantes que presentan animaciones muy bonitas y podemos ver todos.

Desde luego, el hombre del tiempo ya no es lo que era.

lunes, 11 de enero de 2010

Quizá sea tarde para decir esto pero... me gusta la Navidad

No importa que pasen los años y las primaveras... la Navidad sigue gustándome y emocionándome...

Lo reconozco, me gusta la Navidad y me gusta por todos los recuerdos que me da cada año... me gusta la Navidad por todas las comilonas familiares de obligada asistencia... me gusta preguntar todos los años que cómo puede haber alguien a quien no guste los langostinos... me gusta ver la mesa preparada para más de diez personas... me gusta saborear el cordero asado y recordar las horas previas a la comida del día de Navidad, sentados frente al horno, escuchando hablar a mi abuela, mientras vigilaba que la carne quedara al punto... me gusta pensar en ella, en su impecable recogido de cabello blanco, en su sonrisa y en todas las cosas que nos contaba... aquéllas cosas que sin darnos cuenta, se nos quedaron grabadas, aunque nuestras inquietudes infantiles prefirieran echar mano a veces de la encomiable programación navideña de la tele...

Ésa es la Navidad que todos los años tengo en mente... la Navidad en el pueblo, la nieve, el olor a leña en las calles, las botellas calientes en la cama que preparaba mi abuela antes de ir a dormir, el frío punzante en una casa de piedra sin calefacción... y era preciosa... significaba estar juntos sin pensar en el tiempo... un tiempo marcado por los cuartos, la media y la hora en punto de las campanas... por la misa de gallo, la de Navidad, la de San Esteban, patrón del pueblo, por aquellos escalones de piedra que se hacían interminables hasta llegar a la iglesia...

La Navidad en Pamplona también era ansiada... a comienzos de diciembre suplicábamos a mi padre que sacara las cajas del Belén... y cuando por fin nuestro tío traía un abeto y musgo del pueblo y un vecino carpintero nos daba serrín, nos poníamos a ello... aunque casi siempre era yo la que con más entusiasmo se dedicaba a configurar ese Belén en miniatura... me gustaba ir colocando todas las figuritas con mimo, cuidando que no se cayeran las ya colocadas... las lavanderas, los pastores, las ovejas, las gallinas, los tres Reyes... el molino, el río simulado con papel de plata... y el nacimiento... Me gusta ver que ahora es mi madre la que se encarga del Belén... la que este año tenía la casa sembrada de belenes que habíamos hecho de pequeños; belenes de papel, de corcho, de madera, de escayola...

Me gusta pensar en la Navidad de los Reyes Magos... noches de insomnio y de expectación ante el más mínimo ruido nocturno... y mañanas de sorpresas, de alegrías, de carreras a la habitación de nuestros padres (con caída y golpe en la ceja con el marco de la puerta y tres puntos de sutura incluídos) para compartir con ellos la admiración de los juguetes... y mañanas de comentarios anecdóticos entre mis hermanos: "yo he visto a Melchor cómo entraba al baño y..." "¿En serio!?"...

Sé que la Navidad no sólo es esto pero...

viernes, 4 de diciembre de 2009

El jamón de york ha quitado mucha hambre

Introducción: el comienzo de esta entrada lo tenía olvidado en un rincón del blog llamado Borrador. Me ha hecho gracia encontrarla porque no la recordaba en absoluto y he decidido que sólamente por lo desangelada que resulta la palabra Borrador en letra cursiva, merece que la termine, así que, ahí voy....

Lo pensaba ayer. Recordando los recreos de mi infancia. Mi almuerzo de todos los días era un sandwich de jamón y queso. Lo comía encantada. Aunque con cierto recelo. El almuerzo de mi mejor amiga era un bollicao. Entre mordisco y mordisco al sandwich y conforme se me iba llenando la barriga con él (qué estómago más pequeño, por cierto...), ese sentimiento parecido a la envidia se iba esfumando. Yo hablaba con mi amiga pero a veces no podía evitar que los ojos se me fueran a ese bollo relleno de cacao. Bollicao. Un nombre muy apropiado. Alguna vez incluso, "¿me das un bocado?". Pero no, esas palabras no llegaban a salir de mi boca. Era y soy escrupulosa. Quizá ahora menos que entonces, pero compartir algo viscoso como la crema de cacao... no, por esas no pasaba, así que...

- ¿Podría llevarme un bollicao o algo parecido de almuerzo...?

- No.

- Es que Conchita (seudónimo de mi amiga) siempre almuerza bollicaos...

- Y, ¿qué? un sandwich es mejor, es más sano y está más rico.

Obviamente mi madre y yo disentíamos en criterios referidos a almuerzos "ricos" pero mi padre, desde su sillón y leyendo el periódico, podría haber zanjado la cuestión perfectamente así:

- Bah, eso son porquerías y además son muy caros.

Y a mi padre no se le replicaba.

Así que, mientras yo tropezaba con esas cosas duras que tiene el jamón de york, mi amiga sonreía al pasarse la lengua por los restos de chocolate de la cara.

Y ahora, en mi segunda infancia, sólo puedo decir a mis padres "gracias, gracias por no comprarme bollicaos ni atiborrarme de dulces. Aunque no me he librado de alguna que otra caries, no soy particularmente adicta al chocolate y he llegado a crecer hasta el metro 72 cm y eso seguro que se lo debo al jamón de york..."


Música para animar un día lluvioso:
Belle and Sebastian – I Could Be Dreaming - BBC Radio Session

Me he mordido la lengua y me ha dolido

Aunque entre semejantes nos lo estemos tomando a coña, yo me siento ofendida, aludida y casi, casi demonizada.

Ley de la propiedad intelectual, piratería, Ramoncín... no hace falta que dé muchos detalles. Ya se sabe de qué hablo. De poner barreras al campo.

Últimamente apenas descargo nada de internet. Ni películas, ni cedés ni nada. Pero antiguamente sí lo hacía y mucho. Era algo normal, natural diría yo. Cierto es que subyacía un ligero cargo de conciencia en mí, pero pequeñísimo, en realidad no sentía que estuviera haciendo nada malo.

No dejé de ir al cine porque pudiera descargar las películas desde mi casa. Veía aquellas que me interesaban. No dejé de comprar cedés porque puediera descargar música desde mi casa. Compraba aquellos que me gustaban. Gracias a internet he comprado cedés de música que probablemente no hubiera conocido nunca y he descartado comprar otros tantos que pudiendo haber comprado, finalmente no habrían merecido la pena.

Internet ofrece gratuidad, sí, pero sobre todo ofrece variedad e instantaneidad. Tienes la música aquí y ahora, tienes veinte cedés diferentes aquí y ahora para escuchar a lo largo del día. No sé cuántos cedés tengo en casa, algunos de ellos rayados, ya ni se pueden escuchar; otros perdidos y revueltos con sus cajas vacías, sin poder escucharlos. La música que tengo en casa, en su mayoría me aburre. La conozco demasiado. Al fin y al cabo, sólo una pequeña parte perdura para siempre, el resto se pierde con gustos de épocas pasadas. Mi ipod tiene más de 500 canciones y siempre está en modo aleatorio. Da igual por donde empiece ni por donde siga, de cada 20 canciones que suenan sólo escucho una. Me aburre la música de mi ipod.

Necesito música diferente todos los días y necesito rapidez, la necesito aquí y ahora. Y eso sólo me lo da internet. Hasta hace poco gracias a páginas de descarga directa podía descargar prácticamente cualquier cedé que quisiera en cualquier momento, por raro que fuera. Ahora ya ni eso. Ahora ya hay programas que me permiten escuchar la música sin descargarla, en streaming, en el directo de toda la vida. En casa, en el trabajo y dentro de poco en mi móvil, Spotify satisface cada uno de mis antojos musicales. Y es gratis.

Y es seguro que de aquí a no mucho ya no seguirá siendo gratis. Exigirán pagar 9'99 euros al mes. Y yo los pagaré. Quizá algunos se lleven las manos a la cabeza al sugerirles la idea de pagar ese dinero por un servicio y no por un ente físico pero yo lo pagaré encantada. No puedo permitirme comprar cien cedés de 20 euros cada uno cada mes. Ni cincuenta ni doscientos. Si pudiera lo haría, pero entonces S y yo tendríamos verdaderos problemas de espacio en casa.

La mentalidad ha cambiado. Cambió con el mp3. ¿De verdad la gente se deja dinero en el top manta? Los cedés son incómodos, ocupan espacio, se estropean y se pierden. Siempre hay alguno que merece la pena guardar y cuidar con mimo pero el ansia por variar y por probar cosas nuevas puede con las barreras físicas que supone el cedé.

Programas como Spotify demostrarán que
muchos estamos dispuestos a pagar por la música, que no buscamos robar música, que no es la sensación de gratuidad la que nos mueve a descargar contenidos de internet, sino que los productos que nos ofrecen en tiendas están desfasados, saben a poco y además son caros.

El tiempo lo dirá. Mientras tanto, seguiremos dejando que nos llamen ladrones.



Ahora mismo, gracias a Spotify, escuchando....


De mayor quiero ser...

domingo, 29 de noviembre de 2009

Mañana no podré bailar

Todos llevamos una madre o un padre dentro, aunque no lo seamos. También llevamos un médico dentro. A todos nos gusta especular y realizar las averiguaciones necesarias para saber qué le pasa a alguien cuando está enfermo. Además, gracias a internet, nos hemos ido formando y especializando y hemos ido más allá de la medicina general. Más aún, gracias a House podemos descartar sin mayor dificultad que alguien tenga lupus, ¿verdad?

Pues bien, cuando te toca ser el objeto de estudio, no es muy agradable que viertan continuamente sobre ti los extensos conocimientos médicos y las correspondientes prescripciones que te convienen sin dejar lugar a dudas. Llevo dos días, bueno, en realidad hoy es el tercero, con tos, dolor de cabeza (sin fiebre) y garganta reseca y dolorida. Nada grave pero aparte de la observación generalizada "¿No tendrás la gripe A?" y un exagerado gesto de mantener las distancias, parece que a la gente le gusta explayarse con estas cosas y "ayudarte" a estar bien.

Mi madre, la primera.

- ¿Tenéis limones en casa?

- Creo que no...

- Bueno, pues ve a comprar limones y así preparas agua con limón y azúcar para suavizar la garganta.

- No me apetece ir a comprar limones, mamá...

Ignorando completamente esto último.

- De todas formas, además de eso, tómate rápidamente un paracetamol.

- ¿No sería mejor un ibuprofeno?

- ¡No! ¡no! Yo también pensaba eso hasta que descubrí que es mejor el paracetamol.

Pienso en preguntarle que cómo lo descubrió pero mi tiempo de reacción es inferior al normal.

- Te habrás tomado la temperatura, ¿no?

- No, ¿para qué? No tengo fiebre...

- ¡Pues tómatela!

- Vaaaale - evidentemente no pienso tomármela. Primero, porque no sé dónde está el termómetro y segundo, porque sé que no tengo fiebre. - Bueno, madrecita, ya hablaremos, ¿Vale?

- Bien. Y abrígate, que siempre sales a la calle con poca ropa. Mira que te lo tengo dicho... - esto lo dice con cariño - Muchos besos.

Blablabla besos y abrazos y hasta mañana y esas cosas que se dicen al despedirte de tu madre por teléfono. Al menos agradezco que no me haya dicho que vaya al médico. Las ganas que tengo de ir al médico (normalmente son pocas) disminuyen exponencialmente en función de las veces que me dicen que vaya al médico. Así que, cuelgo y me tomo el paracetamol. Afortunadamente, tampoco me ha dicho que me quede en casa. Algo que resulta obvio pero yo tengo mi teoría al respecto basada en mi experiencia. En ocasiones anteriores, en las que tenía catarro o algo parecido, si salía de juerga, al día siguiente estaba bien o mejor. No es broma, lo digo en serio.

Así que, ayer quedé para "cenar y lo que surja" con unas amigas. Como ya decía, m
is síntomas desataron cierta alarma.

- ¿No tendrás la gripe A?

- No sé. No lo creo, de tener gripe, sería la gripe normal. No soy nada especial para las enfermedades.

- ¡Ay! ¡Qué dices! ¡Quita, quita! Sólo me falta pillar la gripe... - alejándose - ¿Tienes fiebre?

- No.

- ¿Seguro?

- Bueno... creo que no... no me he tomado la temperatura. Tócame la frente.

- Mejor no - riéndose - Y la garganta, ¿te duele sólo al tragar?

Repito, todos llevamos un médico dentro y esas son preguntas de médico.

- No, todo el rato. Pero, ¿qué más dará?

- Pues que entonces igual es faringitis. - dice otra - Tienes que beber muchos líquidos.

- ¿Has tomado leche con miel...?

Mierda. Pues odio la faringitis. Sus siete días de antibióticos. La tos, el carraspeo, el dolor de garganta, el ahogamiento nocturno. Sólo me queda una última opción para remontar la enfermedad. Salir esta noche. Los efectos curativos de la nocturnidad. Tomo un par de cervezas durante la cena y pregunto cuando los platos y los vasos están vacíos:

- ¿Adónde vamos?

Dos de mis amigas, a coro:

- Yo me voy a casa.

Así que, tras esas dos bajas, nos quedamos cuatro. El plan sigue en pie o eso parece porque conforme termino la tercera caña (en un bar en el que el criterio del pinchadiscos es equiparable a la reproducción aleatoria de un CD de kiss fm), mis otras tres amigas anuncian que se van.

Son las 12 y media y tardo cinco minutos en llegar a casa. La garganta me duele más que al principio de la noche y llevo encima un olor a tabaco proporcional a una noche entera de bares. Esto me deprime, así que, sintiéndome vieja y pequeña a la vez, cojo un yogur y enciendo la tele. El gato enseguida se duerme en mi regazo. Es curioso que a esas horas encuentre series interesantes en la tele y como no tengo sueño, decido esperar a que llegue S.

Alguna hora después (no diré la hora) sigo sin sueño y se abre la puerta de casa. Llega S y dándome un beso me pregunta:

- ¿Qué tal tu garganta?

- Bien, en su sitio...

Él no me dice que tome esto o haga lo otro. Él sólo me pregunta qué tal estoy y entonces pienso que quizá esa sea la mejor cura.


miércoles, 18 de noviembre de 2009

Descubrimiento del día

Siempre tengo un hueco (más o menos grande) para lo importante. Hoy he encontrado esto:


martes, 10 de noviembre de 2009

Para mi madrileño

no sé cómo titular esto

... atónita me encuentro (tanto que se me han cruzado los dedos tecleando y en lugar de atónita he escrito atóntita... curioso, ¿no?)... resulta que ayer me confirma un amigo de mi hermano mayor (¿cuándo dejaré de llamarle hermano-mayor, por cierto?) que mi susodicho hermano va a ir este sábado al concierto de Rammstein en Bilbao. Él y varios amigos.

...

Mi cara es un poema. Un soneto con sus dos tercetos y sus dos cuartetos (esto último si no lo recuerdo mal).

- ¿Mi hermano va a pagar por "ver" a Rammstein...? - como digo, estoy y miro al amigo de mi hermano perpleja y pienso para mí y después lo suelto - Así que mi hermano pequeño no bromeaba cuando me comentó algo parecido...

S que va conmigo y el propio amigo de mi hermano bromean. Es algo que, conociendo a mi hermano, cuesta creer. Mi hermano puede que lleve tres CDs en el coche (tirando por lo alto): Enya y Boney M entre ellos. Y la música que escucha en casa oscila entre canciones sueltas de Roxette, Mecano o J. S. Bach, por ejemplo. Gusto variado.

Así que, cuando el amigo de mi hermano, explayándose en el tema dice que el fin de semana pasado fueron a un concierto de Berri Txarrak, rezo para que haya una mujer de por medio...

- Sí, yo creo que tendremos que emborrachar a tu hermano en el coche de camino a Bilbao porque si no...


viernes, 6 de noviembre de 2009

Lalalalalaaaaa

Hoy, por cierto, como es viernes y eso es motivo de celebración y brincos (mentales), me apetecía escuchar una canción cañera, de esas que se pueden escuchar varias veces...


Así de ignorante soy

Por cuestiones puramente 'prejuiciosas' nunca había dado una oportunidad de más de 10 segundos a cualquier género de música portuguesa, es más, mis prejuicios van por el conocimiento de un único género musical portugués. El fado. El cual, pues como que no me ha llamado nunca la atención y, desde todo el cariño, me aburre. Demasiado lamento y demasiada tristeza. No me gusta la estética del sufrimiento impresa en el fado o en el flamenco o en el blues. Quizá me falte madurar y acumular dolor para comprenderlos pero... de momento no.

Así que, cuando ayer encontré este grupo portugués, Clã, me llevé una alegría por varias razones. La primera y más importante, como buscadora de tesoros musicales, es reconfortante encontrar una joya completamente desconocida por el camino de vez en cuando, si tienen un sonido cuidado y en cierto modo, de un gusto exquisito y además, la voz principal es femenina, entonces ya me tienen en el bolsillo y escuchando sin parar todas las canciones que el bueno de Spotify me permite. La segunda razón motivo de mi alegría fue desmitificar mi mito sobre la música portuguesa y pensar "Qué ignorante eres, hija mía". El resto de razones, son subrazones de la primera. Vamos, que estoy encantada.








martes, 3 de noviembre de 2009